La experiencia del desierto me hizo llorar de alegría y deshacer los pequeños nudos que he ido acumulando en estos tres últimos años, que han sido tan intensos.
Arranco esta aventura visitando el lago seco El Mirage, en el desierto Mojave. Es un lugar mágico, donde puedes dar rienda suerta a tu imaginación, no tiene fin, no consigues medir las distancias y los espejismos del desierto te provocan una sensación maravillosa. La única referencia que tienes eres tú mismo, por lo tanto, te permite conectar al cien por cien con tu esencia; no hay presiones ni horarios, lo único que hay que controlar es la caída del sol ya que puede ser difícil encontrar el camino de vuelta sin luz.
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